miércoles, 25 de febrero de 2015

PEGO II : ATZÚBIA, FORNA Y LA VALL DE GALLINERA

 Vamos a continuar nuestro viaje y para ello salimos de Pego hacia Atzúbia.

 Se trata de una pequeña población de la comarca de la Marina Alta situada a muy pocos kilómetros de Pego. De hecho lo podemos divisar a lo lejos desde sus calles.

 Para llegar tomaremos la carretera CV 700.

Atzúbia y Forna son dos poblaciones de origen árabe pero que conservan una importante herencia de la Edad de Bronce y de las civilizaciones ibero-romanas que las poblaron.
 
Destaca en ella su casco antiguo de estilo musulmán y la Fuente Morisca que encontramos situada en la Plaza del Ayuntamiento de cuyos caños brota el agua de las montañas próximas.


También podremos visitar la iglesia dedicada a San Vicente Ferrer, construida alrededor del siglo XVII aunque en su construcción se pueden apreciar diferentes intervenciones posteriores arquitectónicas, especialmente del siglo XVIII


En las inmediaciones de la población podremos visitar la cueva Meravelles que también es conocida por los nombres de Cueva de Adsubia o Cueva de Canalobres, pero no debe confundierse con las Cuevas de Canelobre situadas en el Cabezó de Oro.

 La cueva presenta un recorrido de 80 m y unos 15 m de profundidad.

Desgraciadamente no pudimos visitarla, la dejaremos para otra ocasión, ya que se encontraba cerrada y las visitas son concertadas con el ayuntamiento.




 Continuaremos nuestro viaje y nos dirigiremos hacia Forna y su castillo.


El castillo de Forna se encuentra situado en la cima del monte de Forna, a escasa distancia al sur de la localidad del mismo nombre, perteneciente al término municipal de Atzubia, en la Marina Alta.


 Atzúbia y Forna son dos poblaciones integradas en un solo municipio desde el año 1911.

 Se trata de un castillo señorial con un carácter más palaciego que defensivo, tratándose de una de las fortificaciones medievales mejor conservadas de la Comunidad Valenciana después de su restauración.



El castillo de Forna es de origen islámico, como la mayoría de fortificaciones de la Marina Alta.

Por su situación,en una de las sendas naturales más utilizadas para conectar la Vall de Gallinera y el llano de Oliva y Gandía, la fortaleza dominaba el paso de personas y mercancías entre Alicante y Valencia.

Perteneció al señorío de Al-Azraq hasta que fue conquistado por las tropas de Jaume I el Conquistador en el año 1258.

Posteriormente le fue donado a Arnaldo de Romaní. 

  Tras la conquista cristiana fue reedificado y reformado posteriormente en los siglos XIV y XVI.

En 1262, el castillo estaba administrado por Bernat de Guillem, capitán de ballesteros, en lucha contra el musulmán sublevado Al-Azraq.



  El monarca Jaume I creó la baronía de Forna para su hijo, Pere I, siendo propiedad del conde de Cardona en el año 1325.


 Posteriormente, pasó a ser propiedad de Vicent Escorza, Pere Busquets, Pere Posadores y la familia Cruilles.



 Esta última mantuvo dicha propiedad hasta el siglo XVI.
 Más tarde, a lo largo del siglo XVII, pasa a ser propiedad de la familia Figuerola y en el siglo XVIII, de la familia Juliá y del barón de Santa Bárbara.

 El castillo da una gran sensación de solidez presentando un aspecto impresionante. 
Conserva todo su perímetro original y las cuatro torres de planta cuadrada de sus esquinas.


 Está construido con muros de fábrica de mampostería, mortero de cal y tapial árabe, con aberturas remarcadas en ladrillo.


El edificio tiene planta cuadrada y cuatro torreones en sus esquinas.
 Sus muros presentan al exterior pocas aberturas y el acceso al interior del castillo se encuentra en su fachada Norte y se realiza a través de un arco apuntado ojival de medio punto en ladrillo.
  Esta entrada da paso, a través del cuerpo de guardia, al gran patio de armas de planta rectangular y a dos alturas, donde se encuentra el aljibe principal en el centro y una escalera de acceso a la planta superior de la fortaleza

 Desde el patio se accede a las distintas dependencias del castillo distribuidas en tres plantas. 
En la planta de acceso se sitúan las caballerizas, la cocina, el comedor y un gran salón dispuesto con grandes ventanas sobre el patio. 

 Así, las caballerizas y las cocinas se encuentran enfrente, en las salas inferiores del cuerpo de mediodía, el comedor o gran salón, rectangular con ventanas al patio, sobre la puerta de entrada, con mirador.


  En las plantas altas situamos el resto de las habitaciones a lo largo de las tres plantas que discurren por las fachadas del edificio.

 Posiblemente, las de la tropa o la de los sirvientes se emplacen en las dependencias inferiores del ala de poniente, las cuales poseen aspilleras defensivas.


  
 En este mismo frente, frente a las dependencias comunales, en la sala inferior de la torre del flanco nortoeste, se puede ver un extraordinario conjunto de grafitis de cronología bajomedieval y renacentista, siendo este uno de los mejores de la provincia alicantina.


Se trata de una interesante escena de barcos con una serpiente de mar, en la que aparecen guerreros armados y motivos con forma de animal.

Las torres cuentan con independencia arquitectónica y espacial, siendo la torre noreste la de mayor tamaño respecto a las demás, de tapial con falso despiece de sillería al exterior y sobre de mampostería.


 Por su fachada sudoeste en su interior encontramos una sala cubierta con bóveda de crucería, con aljibe en su subsuelo y escalera de caracol para acceder a otras plantas. 
Siendo esta construcción la más antigua de la fortaleza.


En la última década del siglo XII se construyó esta torre a la que posteriormente se le añadieron el resto de las estructuras actuales.

 Dichas estructuras, en conjunto, confieren a este castillo un carácter de palacio señorial, con todas las dependencias propias de una residencia feudal, respondiendo al modelo de construcciones palatinas del bajo medioevo.

En la actualidad el castillo es de propiedad municipal siendo posible su visita preguntando en el Ayuntamiento de Atzubia.


El castillo ha sido declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento (BIC).




 Seguimos hacia Forna que se encuentra situada a 2 km de Atzubia, donde destacaremos el casco antiguo con calles estrechas y empinadas, las casas blancas y las estupendas vistas del paisaje y del castillo.


Son muchos los legados que dejó la población morisca.

 En la plaza del pueblo bajando unos escalones y como si del subterráneo de una casa se tratase, nos adentraremos en una pequeña cueva donde hay una fuente morisca de agua de manantial que ya era utilizada por los romanos.

  Forna era una alquería en época islámica cuyo castillo perteneció al caudillo musulmán Al-Azraq, llamado el azul por sus impresionantes ojos azules, según cuentan las leyendas del valle.

Con la pérdida de este territorio con el Pacto del Pouet el rey Jaume I incorporó a su corona el pueblo y el castillo, correspondiendo a Bernat Guillem su administración.

La propiedad del pueblo y del castillo han pasado por muchas manos.


 Pactos de guerras, concesiones, donaciones, ventas.


 Por ese motivo, la vida y suerte del pueblo siempre han estado unidad a la del castillo hasta que se separaron sus destinos.

 El pueblo continuó su andadura, el castillo sufrió un declive hasta su adquisición por parte del municipio y su posterior restauración.

 Hoy en día, es un pequeño y pintoresco pueblecito de casa blancas con sabor de antaño que forma parte de una de las ramas del Camino de Santiago.

Respecto a su historia, durante la época romana se producen asentamientos alrededor de la albufera al pie de las sierras próximas.


  Ocupada por los musulmanes alrededor del año 726, Forna fue un importante enclave que posteriormente formaría parte de la taifa de Denia.

 Señalar que la villa de Forna y su fuerte pasaron a manos del rey Jaume I, gracias al Pacto del Pouet o Pacto de Alcalá, en 1245.
 Este acuerdo establecía el régimen de vasallaje entre el caudillo musulmán Al-Azraq y Jaume I.


 El líder musulmán no respetó el pacto, lo que originó numerosas revueltas y enfrentamientos en la zona.

 Tras ser sofocada la rebelión en 1258 la villa y su término fueron entregadas al infante Pedro, que la repobló con campesinos catalanes y crearía en 1262 la baronía de Forna. 
 


Esta inestabilidad política impidió que Forna fuera efectivamente repoblada hasta el último cuarto del siglo XIII.
  
Con posterioridad pasaría a manos de diversos miembros de la casa real y a importantes linajes de la nobleza valenciana.


 Hacia finales del siglo XIII , se entrega la " Carta de Poblament " de Pedro III, por la cual se le da a la justicia y juzgados de Forna, los privilegios de establecer campos, construir acequias, dehesas, aprovechamiento de las aguas, pesca y pastoreo.

 La villa de Forna no padeció especialmente las consecuencias del decreto de expulsión de los moriscos, en el año 1609.
 Para entonces, la población ,alrededor de un centenar de personas, estaban conformados por “cristianos viejos”, tras la repoblación mencionada.


  Tras su reconquista, Forna pasó a ser parte de la provincia, cuya capital historica es Xàtiva, desde 1244 hasta la guerra de sucesión en 1707 que culminó con la anulación de los Furs o Fueros Valencianos.

 En 1910 Forna fue agregada al municipio de Atzubia.



 Contemplando el paso del tiempo, desde lo alto del cerro, el castillo de Forna observa el pueblo y añora aquellos tiempos en los que era el protagonista de la historia.

Ahora, regresemos al cruce para adentrarnos en la Vall de Gallinera.

La Vall de Gallinera está formada por 8 pueblecitos : Benirrama, Benialí, Benitaya, Benisiva, La Carroja, Patró, Llombay y Benissili.

El recorrido discurre durante 14 kilómetros de carretera sinuosa y agradable con magníficas vistas, pasando por todos los núcleos de la Vall a través de caminos rurales, desde la Font de la Mata de Benirrama hasta la Font de la Mata de Benissili, que unen pasado y presente.

Este hermoso valle se encaja entre los abrazos pétreos de la Serra de Les Solanes, la Serra del Almirante y la Serra de la Foradá, que comunica con otro Valle, la Vall d’Alcalà. 

 De la etapa prehistórica merecen especial atención las numerosas muestras de arte rupestre localizadas en los abrigos de La Vall, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

De la etapa de la Edad del Bronce encontramos en el Poblado de la Foradà y el Poblado del Castellot d’Alpatró, restos de estructuras y fragmentos cerámicos.

De la cultura Ibérica queda el Poblado del Xarpolar, en las alturas de La Vall, donde se han encontrado diversos elementos constructivos y cerámicas. También se han hallado restos de esta cultura en diferentes cuevas.

  Más allá de las hermosas vistas de postal, la Vall de Gallinera ha sido y es tierra de cultivo. Un escenario rural en el que crecen los almendros, se cultivan los olivos con los que se produce el aceite de la región, los algarrobos y se ha desarrollado el cultivo de sus famosas cerezas.

 A su belleza natural se le suma en primavera el color de los cerezos en flor, un manto blanco que da la bienvenida a la estación.

 Siendo el fruto más representativo del lugar, protegido bajo la denominación de “Cerezas de la Montaña de Alicante”. Cada año en el mes de junio se celebra  La Festa de la Cirera.

 
  Asimismo en la Vall de Gallinera destacan el Museo etnológico de Alpatró y la cooperativa de cerezas Montaña de Alicante.

Cada pequeño pueblo contiene, en su totalidad, un casco antiguo con iglesia, fuentes de agua natural que corre por los antiguos lavaderos de ropa, estrechas y blancas calles con casas que nos sorprenden de vez en cuando con floridos balcones y plantas en los portales.

De pueblo en pueblo admiramos sus montañas, sobre todo las que dejamos a nuestra izquierda hasta ver la llamada Sierra Foradada o  "Foradà", que recibe tal nombre por un gran agujero que atraviesa la montaña.

  En esta zona existen dos castillos: el de Benirrama y el de Benissili.

 El Castillo de Benirrama protegía el valle en su entrada por Pego y el castillo de Benissili lo protegía en su entrada por Planes. Ambos castillos son de difícil acceso. 

 Los árabes y luego los moriscos fueron los primeros en ver las posibilidades reales de este hermoso lugar.

Ya en el siglo X, se advierte de la existencia de una red de alquerías asociadas al cultivo en el fondo del valle y que se mantiene a lo largo de los siglos de presencia musulmana.

 La Vall llegó a contar con una veintena de alquerías.

 De este siglo data la Lápida sepulcral encontrada en Alpatró en los años 40 y que se conserva en el museo de Alcoi.

 También las fortificaciones  son de la época musulmana, de las cuales el Fortí d’Almiserà es la más antigua.
Dicha fortificación se construyó de forma rápida, seguramente en los años 920-930, aunque no parece que llegara a utilizarse durante más de un siglo. 

 Su ocupación parece relacionarse con la sumisión de los bereberes de esta zona al califa Abd al-Rahman III.

   El hallazgo en las inmediaciones del castillo de Gallinera de un silo con cerámicas de cubierta blanca y decoración en verde y manganeso, sugiere que ya había una fortificación en el siglo X, probablemente cuando el fortín d’Almiserà ya se había abandonado. 

El castillo se utilizó en la época de la conquista cristiana; al-Azraq se refugió en él unos días en 1258.

 El edificio actual, sin embargo, es el fruto de una reconstrucción general posterior al terremoto de 1396.

 El Castillo d’Alcalà parece ser del siglo XI, si tenemos en cuenta los hallazgos cerámicos. 

Tenía edificaciones importantes, al-Azraq residió allí durante los años en que sostuvo la resistencia frente a los cristianos.

El Castellot d’Alpatró es una obra del siglo XIII, construida ante la inmediatez de la conquista y con una clara funcionalidad de lugar de refugio colectivo.

La Torre de la Peña Foradà fue lugar de observación y refugio, también del siglo XIII. Hay constancia de su ocupación por milicias cristianas durante la sublevación musulmana de 1276-1277. 

  Fue el hijo de Jaume I, Pere III, quien acabó con la revuelta musulmana en 1277-1278 y quien otorgó una carta puebla en 1279.

Con la llegada de la nobleza cristiana, la Vall de Gallinera, pasó a convertirse en un señorío feudal a manos del infante Pere de Aragón, conde de Ribagorza.

 A pesar de esto, los habitantes musulmanes de La Vall no fueran expulsados.

 Los últimos señores de La Vall de Gallinera fueron los Borja, duques de Gandia.


Entre 1519 y 1526, por orden del rey Carlos I, los musulmanes fueron forzados a convertirse al cristianismo.

A partir de entonces se les conoció con el nombre de moriscos.

 Unos años después, en 1609, Felipe III decretó su expulsión.

 Esta orden de expulsión que los obligaba a dejar las tierras en las que habían nacido provocó que los moriscos se rebelaran contra los cristianos viejos y los señores.

 Del paso de los moriscos, de su expulsión y de la posterior despoblación tenemos buena muestra en las ruinas de L'Atzuvieta, a las que podremos acceder por un camino sin asfaltar que encontramos a mano izquierda de la carretera.

En estas ruinas del despoblado de L'Atzuvieta podremos ver y comprender las estructuras originales del entramado morisco, sus útiles como una prensa de aceite labrada en la misma roca o los materiales más antiguos, como el tapial de mortero encofrado que se empleaba en los muros más antiguos, datados entre los siglos XIII y XIV. 

 En l'Atzuvieta, como en casi todos los despoblados de la Marina Alta, no ha vivido nadie desde que los moriscos fueron expulsados en 1610.

  Los moriscos de los valles de Vall de Gallinera, Vall de Alcalà, Vall D'Ebo, Ceta, Travadell y Planes se agruparon en la sierra de Pop, la Vall de Laguar, en la montaña ‘Caballo Verde’ donde resistieron los ataques de las milicias de los cristianos. 

Pero finalmente no pudieron soportar el asedio, vencidos y masacrados en lo que fue una verdadera carnicería, cargaron con los bienes que podían llevar en la mano y fueron llevados al puerto de Denia desde donde fueron embarcados y expulsados definitivamente.

  
 Después de la expulsión de los moriscos en 1609, la Vall de Gallinera quedó tan despoblada, que el duque de Gandía, al que pertenecía este territorio, trajo de Mallorca 150 familias para repoblar el valle. 

Esto se hizo mediante una carta puebla o carta de población que es un documento especial otorgado durante la Edad Media por una autoridad a los pobladores de un territorio y que fue firmada en Benialí el 10 de junio de 1611.

 Estas familias ocuparon de nuevo muchos de los pueblos que habían quedado despoblados por la expulsión de los moriscos pero algunos de ellos quedaron despoblados para siempre.

  Las viviendas moriscas han sido modificadas ya que, hasta hace escasos 30 años han sido utilizadas como corrales para ganado.

 Ahora regresaremos a la carretera principal y nos encaminaremos hacia Alcalà la Jovada.

Allí podremos ver y pasear por el último reducto del caudillo al-Azraq de quien veremos una fuente con su cara en bronce.

 Posteriormente emprenderemos de nuevo nuestro camino, pero eso lo dejaremos para el siguiente post, solo decir que la Vall de Gallinera nos ofrece gran cantidad de senderos por los que recorrer su historia y su paisaje, pero esa...es otra historia... y otro post.


domingo, 22 de febrero de 2015

PEGO i LES VALLS ( 1 )


Vamos a hacer un recorrido por las dos Marinas, La Marina Alta y La Marina Baja de la provincia de Alicante.

Por la autopista AP7 desde el norte y antes de la salida a Denia encontramos la indicación de la salida a Pego.

Para llegar tomaremos la carretera C 700.

  Antes de pasar a explicar el recorrido, describir la belleza del entorno o la historia, decir que, la amabilidad de las personas con las que tuvimos la suerte de encontrarnos en la oficina de turísmo de Pego, así como lo bien que realizaron su cometido a la hora de informarnos bien merecen la Q de calidad que posee dicha oficina.

 Pongo aquí este enlace con las diferentes actividades a realizar con niños. 
  http://www.rodalabola.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1914:pego-i-les-valls-un-paraiso-por-descubrir&catid=72:general&Itemid=142 
   
Me ha gustado mucho ver la gran implicación de la oficina de turismo desde la que salen muchas de dichas actividades.

Desde aquí nuestro agradecimiento, chicas, mereceis un diez.

También os pongo el enlace de dicha oficina de turísmo. No acostumbro a hacerlo, pero creo que en este caso lo merecen por su profesionalidad.
 http://www.pegoilesvalls.es/ 

  El término municipal de Pego está lleno de restos arqueológicos que son testimonio de que el hombre, desde la antigüedad ha vivido en este valle protegido por el monte, la proximidad del Mediterráneo y la abundancia de agua, lo que le confiere una orografía y belleza sin par.

 Los principales montes de la región son los que forman una herradura abierta al mar y en la que se encuentran los pueblos de Atzubia y Pego.

La parte oriental la cierra el monte de la Vall de Gallinera, que a su vez se divide en dos ramales o cordilleras a modo de brazos que quieren abarcar una llanura que se extiende hasta el mar.

Los valles que configuran esta subcomarca son La Vall d'Alcalá, La vall d'Ebo, Vall de Gallinera y la Vall de Laguar.

Las calles del centro histórico de Pego aún conservan el trazado original medieval.  

En el año 726 se produce la ocupación musulmana del valle de Pego.

Después de la derrota definitiva de Al-Azraq, en tiempos de la reconquista, se pensó en la importancia de un lugar seguro y estratégico que pudiera controlar las entradas de levante a los distintos valles del interior, poblados de moriscos y que tantos problemas habían creado y seguirían creando los nuevos invasores. 

Es a partir de 1244, cuando Jaume I conquistó el valle y el castillo de Ambra, al sur de la actual población.

El lugar de Pego adquiere fisonomía propia de alguna importancia, más allá de una alquería más de las muchas que se encontraban diseminadas por el valle y hoy desaparecidas, como Atzaïla, Benituba, Rupa y otras, más de 15, que aún siguen dando nombre a partidas rurales pegolinas

Así se construyó, prácticamente de nuevo, la villa sobre una antigua alquería musulmana, Uxola, que se repuebla con cristianos barceloneses alrededor del 1279 mediante la primera carta de poblament y la segunda en 1286, en tiempo ya de Pere I de Valencia.

Así, comienzan a llegar colonos desde Barcelona que se establecieron en la nueva villa amurallada.

 El mismo rey Pere I fue el primer señor de la Baronía de Pego, la que su padre había creado en 1262. 

Posteriormente, una muralla con 16 torres, que todavía no estaban finalizadas a principios del siglo XIV, rodeaba la población, a la que se podía acceder mediante tres grandes puertas de entrada.



  La carta de poblament le da a la justicia y juzgados de Pego los privilegios de establecer campos, construir acequias, dehesas, aprovechamiento de las aguas, pesca y pastoreo.
 
En 1403, Martí I, proscribe el cultivo de arroz de hecho y se intenta regular el cultivo en todas las zonas pantanosas.

 Entre 1495 y 1699, tienen lugar numerosos pleitos contra los condes de Oliva, duque de Gandía y el marqués de Denia por defender los derechos de pesca, estancar y arrendar el agua, así como establecer campos, "malladas" y transformarlas en cultivos.


Tras la expulsión de los moriscos en 1609, lo que provocó un conato de rebelión, Pego quedó prácticamente despoblada y tardaría en recuperarse.


  Ya en el siglo XVII, se producen las primeras colonizaciones en la parte del Molinell, y se crea jurisprudencia respecto a la caza y pesca.

 A finales del siglo XVIII, comienza la colonización de determinadas zonas de marjal, comenzando la formación de acequias de desagües en las partes más externas.

 Aún no aparece el cultivo del arroz, pero los terratenientes ya comienzan a mostrar su interés por este cultivo en la marjal. 


La iglesia de la Asunción se cree que se asienta sobre una antigua mezquita perteneciente a la alquería de Uxola, alquería fundacional de la Villa.

Es probable que el primer templo cristiano fuera construido el mismo siglo XIII, aunque otras fuentes afirman que fue construido en los siglos XVI y XVII.

 Este templo está dedicado a la Asunción porque el rey Jaume I atribuía sus conquistas a la intervención de la Virgen. 

 De hecho ya aparece en el listado de parroquias de 1279-1280, según el historiador Burns, en las Constitutiones Synodales ecclesiae Valentinae.

 Se sabe que en 1310 el rector era Alacer de Capella y que en 1356 el obispo Hugo de Fenollet había concedido al rector de Pego, entre otras cosas, poder utilizar 400 sueldos para hacer una custodia de plata. 

En 1388-1389 en la Visita Pastoral efectuada a la Iglesia de Albalat, consta un tal Bernat como rector de Pego per Pluri Annos.


Se cuenta también con documentación sobre privilegios de amortización para poder encargar la celebración de aniversarios a los presbíteros y beneficiados de Pego, al menos desde 1480 y ventas de censales a los rectores desde 1513.


  En el ordenamiento parroquial de 1535 se le anexionaron Benumea y Atzúbia.

 En 1599 se comenzó la construcción del nuevo templo, la Iglesia de la Asunción de estilo gótico-renacentista, edificado sobre las ruinas de la anterior.

   Las obras se daban por finalizadas en 1614 aunque otras fuentes indican 1629 como fecha de finalización, pero, en realidad, el final definitivo sería a finales de siglo.



  El Templo es una nave única con cuatro capillas entre contrafuertes y cabecera ochavada que sigue una tipología de salón asentada en las tradiciones constructivas del siglo XVI que encuentra paralelismos con otras iglesias de la comarca.

 Las proporciones de la nave tienden al equilibrio entre el ancho y el alto, lo cual permite acercar a la escala humana el eje visual que acentúa la fuga de líneas al altar.


  Aquí destaca la recargada decoración de guirnaldas y ángeles, con abundantes dorados tan al uso de la desmesura hispana del siglo XVIII.

 A continuación se añadió la torre, cuyo emplazamiento debió ser objeto de discusión. Se impuso el criterio casi medieval de campanario exento, frente a las teorías más académicas de incorporarlo a la fachada principal y repetirlo a ambos lados para la correcta euritmia.


   Las bóvedas nervadas y estrelladas son muestras de que la práctica tradicional convive con la gramática clásica recién importada.

  El acertado color dado a las bóvedas diferencia la plementería de la estructura, forzando la sensación de amplitud.

 La iglesia se completó con un Sagrario de planta centralizada, casi de cruz griega, cubierto con una cúpula esférica.

  
 Su estructura de tres cuerpos, con la base maciza, fuste moldurado y remate de pilastras giradas, constituye una elegante muestra del tipo que se estaba imponiendo a mediados de siglo.

 De esta época es el portal “de migdia”, el cual restó protagonismo al primitivo y sobrio acceso de los pies, quedando ensombrecido cuando se suprimió la manzana del lado sur para crear la plaza, definiendo la visión lateral actual.


 Se conservan obras de arte interesantísimas, como la Doble Verónica atribuida a Jacomart, del siglo XIV y el retablo gótico de Antoni Peris dedicado a la Virgen de la Esperanza.


    También se conserva un hermoso retablo medieval, que sin duda perteneció a la primitiva iglesia, pues así parece indicarlo la pintura de la titular que está en lugar principal.


 Una Cruz Procesional del S.XV, la talla del Cristo del siglo XVI de Damià Trigo y las pinturas del Altar Mayor de Rafael Cardells junto a otras imágenes y objetos de orfebrería.

   El gran terremoto de 1644 ocasionó grandes desperfectos en la obra, obligando a rehacer todo aquello que ya estaba construido.

 La construcción finalizó el siglo XVIII, al acabar la torre del campanario y la Capilla de la Comunión.

  
La Casa de Cultura es uno de los edificios más antiguos del pueblo, ya que fue construida poco después de la reconquista.

De ella y de su ubicación hay reseñas fechadas en 1488.

  La familia Sala compró la propiedad en 1675 y posteriormente las tierras conlindantes hasta llegar a la  puerta de la muralla.

Con la riqueza y poder conseguidos ganaron el derecho de ser considerados hidalgos y el consiguiente escudo de armas que cuelga sobre la puerta del edificio.

Posteriormente se unieron a otra influyente y poderosa familia, los Torres Orduña de la población de Benissa.

 Durante la guerra civil, la casa fue hogar de acogida para niños refugiados ya que la familia Sala tuvo que huir por culpa de haber sido los caciques de la comarca.

En el año 1990 fue comprada por el ayuntamiento.

Actualmente posee el archivo de Pego en su interior a la vez que sus paredes forman parte de su historia.
  El origen de las murallas de Pego es  cristiano medieval conociéndose numerosas referencias textuales a la creación de la villa y a sus murallas que no se hallaban terminadas a principios del siglo XIV. El recinto poseía hasta 16 torres.



De la anterior alquería de Uxola, situada en el mismo emplazamiento, no quedan vestigios, ya que sólo se conocen arqueológicamente restos del cementerio islámico extramuros, la actual calle Mayor. 


 Las murallas, torres y puertas, se destruyeron en gran parte durante la guerra de Sucesión española a comienzos del siglo XVIII.

Durante la Guerra de Sucesión la villa de Pego se declaró partidaria del archiduque Carlos, pero su señor, el duque de Gandía que era un decidido felipista colaboró para que las tropas de Felipe V la ocuparan por largo tiempo.
La Villa se conviritió en una importante base de operaciones desde la cual atacar Denia y atajar la posibilidad de unir los dos núcleos resistentes maulets, Alcoy en el interior y Denia en la costa, motivo por el que le sería otorgado el título de "Muy Noble Villa".
 También en el ensanche de la villa en el siglo XIX, se destruyen las partes de las murallas restantes quedando pocos vestigios.

Los restos actuales consisten en varios lienzos, incorporados casi siempre a otras construcciones. Destaca el llamado Portal de Sala, uno de los accesos de la primitiva muralla.
 Se abre en el número 20 de la calle San Agustín. Quedan junto a él restos visibles de lo que fue la torre anexa cuadrada que defendía la entrada


  Se construyeron nuevos molinos de harina y se mejoraron las técnicas de cultivo gracias a la difusión de los nuevos conocimientos agrarios que hacen gente ilustrada como la familia del Pavorde Juan Sala Bañuls. 

 La pujanza económica se hace notar en la construcción del nuevo campanario de la iglesia, tarea que encomiendan al arquitecto vasco Francisco Galte. 

 El pueblo es tremendamente religioso, sintiendo una profunda devoción por el Ecce-Homo y los franciscanos. 

 La Capilla del Ecce-Homo, de 1759, está asentada sobre el antiguo Hospital de Pobres. La capilla es obra de Francisco Cabezas y dicen que es una anticipación a su obra mayor de San Francisco el Grande de Madrid.

  Destaca por su atrevimiento arquitectónico con una cúpula octogonal ornamentada con tejas azules.

El campanario destaca sobre el conjunto para resolver trapezoidalmente su base, algo poco común en la arquitectura valenciana. 

Esto es debido a la adaptación al espacio disponible, ya que las medidas de la cúpula definen la forma que toma el campanario.


En el cuerpo superior de la puerta encontramos un nicho con una escultura del Santísimo Ecce-Homo, enmarcado por formas florales y vegetales. 

 En la fachada también se encuentra una puerta de metal magníficamente trabajada creando una composición detallista, con leones, puttis o angelitos, orlas y formas florales, ofreciéndole mayor lujo y importancia al lugar al que accedemos.

  El fervoroso pueblo decide construir una nueva imagen del Ecce-Homo, siendo esta imagen destruida durante la Guerra Civil. 

En 1744 un sastre llamado José Fenollera, sufraga o construye un palio para el patrón de la villa. También le cosen una capa nueva, la casulla y las dalmáticas del rector.

 Se construye un  nuevo retablo para colocar mas decentemente la imagen del Ecce-Homo, mientras que Salvador Valeo hace los lienzos del retablo, los dorados del cual son hechos por Eugeni Labernia, que también se encarga de dorar la peana y pinta la capilla del susodicho Ecce-Homo.

  En el interior domina la imagen del patrón desde su altar mayor. 

 Debajo de esta imagen encontramos un altar con la Vera Cruz que, según dice la tradición, contiene un resto de la cruz donde murió Jesucristo.

  Dentro encontramos materiales ricos que le dan un carácter majestuoso, propio de la gran devoción Pegolina hacia su patrón, con mármoles de color, imágenes de Cristo yaciendo, del Nazareno, la Virgen de los Dolores, el Cristo de Medinaceli y el Cristo de la Columna.


 En 1757 se acuerda construir la nueva capilla del Ecce-Homo y al año siguiente, se traslada al Hospital en la calle que ahora se llama Hospital, entonces llamada calle Sanxos, instalándose donde ahora está el museo . 

  El lugar había sido antiguamente un hospital y albergue de viajeros y peregrinos.


  El 1 de noviembre de 1759  se pone la primera piedra de la construcción del Ecce-Homo, capilla que será terminada en 1777, año en el que fue trasladada la imagen del Ecce-Homo a la nueva capilla. 

 Una duración de 18 años que se prolongó hasta 1785 con la construcción de los altares interiores, decoración de cuadros y alumbrado .


 No puedo despedirme de Pego sin decir que me encantó tanto su casco histórico como sus alrededores.

 Continuaremos viaje hacia la sierra, hacia Atzubia por la CV 700 para seguir adentrandonos en su historia, paisaje y costumbres. Antes decir que son muchas las fiestas de las que podemos disfrutar en nuestra visita.

 Como nuestro tiempo era limitado, nos perdimos algunas cosas tales como, la visita al Marjal, la bajada por el río Bullent la semana antes de carnaval o las fiestas de moros y cristianos entre otras.

Esas cosas y otras más las dejaremos pendientes para el siguiente post.